INTROSPECTIVA: Volviendo a las cavernas

Marla Sabrina Félix

El pasado mayo en Nuevo León ocurrió uno de los retrocesos más grandes del siglo XXI en materia de Derechos Humanos, se legisló a favor de asesinar a sangre fría a delincuentes en defensa propia.

Estamos de acuerdo que un delincuente es un ser repudiado por la sociedad sin importar que lo motivó a lacerar la armonía social, en la que todo pueblo civilizado ansía vivir. Sin embargo, el sistema jurídico mexicano, fundado en los fines del derecho, le ha apostado durante años a la reinserción social como el método más efectivo para sancionar y a la vez atender a los delincuentes; se ha encargo de crear una estructura jurídica sólida que imparta justicia, en la cual donde un ciudadano sufra un menoscabo en sus derechos, exista una autoridad que imparta justicia y castigue al responsable (sí, aunque no pase en la realidad, ese es el objetivo).

Por lo anterior, resulta incongruente que se pretenda legislar a favor de la ley del talión, “ojo por ojo, diente por diente”… Sobre todo en este país donde el 50% de los habitantes viven en pobreza, donde muchos se ven obligados a robar para comer, y donde otros tantos más, alejados de oportunidades, truncaron sus estudios por seguir el triste camino de la drogadicción.
Vivimos en una sociedad deseosa de justicia, si, es verdad, pero también es una sociedad desprovista de oportunidades que nos permitan satisfacer las necesidades básicas del ser humano.

Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, uno se muestra superior a él.
Sir Francis Bacon.

No podemos volver a la barbarie, debemos apostarle a las instituciones y al estado de derecho como el mejor método para mejorar nuestras condiciones de vida y nuestro futuro como nación.

¿Qué necesita Baja California? ¿Volver homicidas con licencia a los ciudadanos, o educación, salud, trabajo, certeza jurídica, mejores autoridades y un buen gobierno?

Dos diputados locales se inclinaron recientemente a favor de hacer más “accesible” la legítima defensa, también conocida como “defensa propia”, en lo que pareciera un intento por seguir el ejemplo de sus análogos nuevoleonenses. Personalmente me preocupa que como sociedad aceptemos ese retroceso.

* Marla Sabrina Félix Ramos, abogada.

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