CENTRO: La fórmula de la felicidad

¡Cuánta desesperación como padres de familia da ver la crisis de seguridad que nuestra sociedad vive!
Cada vez resulta más difícil explicarle a nuestros hijos qué es eso que el periódico informa todos los días, por qué tantos policías y cintas amarillas en las fotos, en las noticias de la televisión. ¿Cómo le explicamos a nuestros niños el significado de las palabras “corrupción”, “impunidad”, “asesinato”, “venganza”, “odio”, que matizan a diario los noticieros de la televisión y las portadas de los diarios?

Es evidente la dificultad que existe en los pequeños comprender este tipo de acciones, de sentimientos, de decisiones personales que buscan perjudicar a otra persona. En su mundo –que debería ser el de todos- la convivencia, el amor, la armonía, los acuerdos y la paz, son lo más normal; por eso les resulta complejo y sumamente abstracto entender como alguien puede tener la intención de causarle daño a otra persona.

Va usted a decir que es en la práctica imposible mantener esa inocencia durante toda una vida, que las circunstancias, la gente perversa, los malos hábitos y los malos gobiernos, nos orillan poco a poco a los ciudadanos a cometer “pecadillos” que nos permiten subsistir.

Nos estacionamos en segunda y tercera fila, dejamos el automóvil sobre la banqueta, robamos el agua, nos pasamos el semáforo en rojo, hurtamos un dulce del mercado, usamos autos ilegales, cambiamos las etiquetas de la ropa para pagar menos…“total, nadie nos está mirando”.

Olvidamos que nos están observando lo más importante que tenemos, que es nuestra familia. Pensemos un momento nada más qué es lo que heredaremos a nuestros hijos cuando esta vida nos diga adiós. En un funeral la gente no habla de las propiedades y las riquezas que tal o cual persona dejó, de los negocios que hizo y de lo hábil que era para engañar a las personas a su conveniencia (salvo casos de algunos políticos que se lo han ganado). Uno habla de la forma que era esa persona, de la herencia que dejó con su ejemplo, su manera de tratar a los demás, su inteligencia y sabiduría, así como su compasión por el prójimo.

A menos que usted quiera que en su funeral digan “era un desgraciado, grosero y prepotente, pero ni modo, así teníamos que quererle”, debemos pensar muy bien que cada una de nuestras acciones está educando a los pequeños que van sentados en el asiento trasero del automóvil: nuestros hijos.

Y es que aunque usted les diga que es malo robar, engañar, lastimar y maldecir, si ven que usted lo hace, además de estarle enseñando lo anterior, con sus actos les dice que mentir a sus seres queridos es lo correcto.

Así que si usted acostumbra realizar este tipo de prácticas de manera convencional, no se extrañe que sus hijos pronto las realicen también en su escuela, entre sus amigos, y que muy pronto toque a su puerta un policía para avisarle que su hijo se metido en un problema o algo peor.

De esta crisis debemos como sociedad sacar lo mejor, que es el aprendizaje de que la prevención inicia desde casa, como familia, luego como comunidad y después como ciudad, para seguir con nuestra entidad federativa y luego la nación entera.

Estoy seguro que los habitantes de esta hermosa región fronteriza, igual que de la crisis del 2009, aprenderemos y saldremos adelante con un valioso aprendizaje que deberá de ajustar a quienes trabajan desde nuestras instituciones para obtener cada vez un mejor lugar para vivir.

Aprovecho para invitarles todos los viernes a las 8 de la noche a acompañarme por la página de Facebook de PoderMX en el programa La Tertulia, donde su servidor y prestigiados periodistas de la localidad analizaremos este y otros temas de su interés, y por supuesto, escucharnos en Primera Voz, por la 820 AM de la radio, de lunes a viernes a partir delas 8 de la mañana.

Comentarios

comentarios

Comments are closed.