MUSA ARTICULADA: La importancia de los nombres

Ellie Burgueño

¿Sabes lo que significa tu nombre? Si tu respuesta es no, no te apures, pocas personas realmente lo conocen.

En el mundo hay un sinnúmero de nombres los cuales han sido elegidos por diferentes razones, sin embargo en su mayoría, dichos nombres han sido seleccionados por los padres tan solo por el gusto de como suenan al pronunciarlos, porque un pariente se llamaba así o alguna persona a quien se admira, sin conocer realmente de donde provienen o su significado y sus orígenes.

Ahora que recién estoy cumpliendo ya ocho meses de embarazo y ya próxima a recibir a una hermosa niña, no pude evitar dudar del nombre que había seleccionado para ella, pues consideré que mi causa y motivo de elegir tal nombre no eran suficientemente buenas pues hasta el significado del nombre elegido no era lo que en realidad buscaba, por lo que decidí darme a la tarea de buscar un nombre que me gustara, pero que también tuviera un significado positivo alusivo a lo que deseo para la vida de mi hija próxima a nacer.

El nombre de una persona es muy importante ya que es la manera de identificarle y es la forma con la que todo el mundo le va a conocer. Por eso todas las personas han tenido siempre un nombre para distinguirse de los demás, en todas las culturas y en todos los tiempos. Actualmente, los nombres se eligen de acuerdo a modas (actores famosos, futbolistas), corrientes regionales, por su significado o por su belleza. Sin embargo, no siempre ha sido así.

En la antigüedad, el nombre de cada persona solía escogerse para transmitir ciertas características o poderes implicados en el mismo, cada nombre tenía un significado especial que con el uso y la evolución del lenguaje se ha ido perdiendo y son muchas las personas que no conocen el origen y significado de su nombre, pues cada nombre tenía un significado especial.

Los nombres judíos, por ejemplo, se orientan hacia la evocación de Dios, mientras que los nombres germánicos prestan especial atención a los valores relacionados con el poder, la fuerza y la sagacidad. En la tradición hindú se alude con frecuencia a los fenómenos de la naturaleza y entre los antiguos griegos se exaltaban cualidades asociadas a la belleza, la sabiduría o la buena oratoria.

En materia de nombres, la ‘antroponimia’ es el estudio del origen y significado de los nombres propios de personas. Según esta rama de la onomástica, los nombres en España, por ejemplo, tienen principalmente cuatro orígenes: latino, hebreo, arameo, griego y germánico.

Por otro lado según la Biblia, el nombre no es tan sólo una manera de identificarnos, sino que bíblicamente indicaba la misión que uno iba a tener en la vida. De hecho, la Biblia está llena de mujeres y hombres a los que les fue cambiado su nombre. Algunos de ellos fueron personajes tales como Abram a quien le fue cambiado su nombre por “Abraham”, a Sarai, esposa de Abram le fue también cambiado el nombre por “Sara”, a Jacob por “Israel”, a Oseas por “Josué”, a Simón por “Sefas”, que significa Pedro. Y todo esto ocurrió ya que según la Biblia, un nombre debe incluir las facultades, virtudes o pactos en la persona a la cual se está nombrando.

Y es que el tema de los nombres según los hebreos, tiene un significado mucho más profundo que la belleza superflua del nombre en sí. Se cree que hay una ciencia divina en el alfabeto, y que las 22 letras del alfabeto hebreo son sagradas con un valor numérico y espiritual, por ello la importancia del cambio del nombre, para ajustar a la persona a los propósitos de Dios en sus vidas.

Por otro lado, los romanos se otorgaban los nombres el octavo día después del nacimiento a las niñas y el noveno a los niños. Este día era denominado dies lustricus, y en él, el recién nacido era legitimado por su padre ante el hogar doméstico; esto se realizaba mediante la ceremonia de alzar al recién nacido del suelo (tollere filium) y tomarlo en brazos. En ese momento, tras purificarlos (lustrare), a los niños se les daba el praenomen (equivalente a nuestro nombre de pila), siempre coincidente con el de alguno de sus antepasados; a las niñas se les daba su nomen, siempre coincidente con el de su familia. De este modo, las niñas de las gens Iulia (Julia) se llamaban todas Julia, y Cornelia las de las gens Cornelia, incluso con posterioridad a su matrimonio.

Leyendo ya un poco sobre el tema, será interesante conocer más al respecto, ya que como dice el dicho: “dime tu nombre y te diré quién eres”. El nombre es lo primero que se pregunta cuando se conoce a alguien, y así ha sido desde hace milenios. El nombre dice mucho de nosotros y de quienes nos lo han puesto, también de la sociedad, sus modas, historia y evolución.

Por lo tanto, no podemos actuar con ligereza y desinterés al seleccionar un nombre para nuestros hijos. Indiscutiblemente hay mucho que estudiar sobre el tema e indagar antes de tomar una decisión de como nombraremos a nuestros descendientes, pues como lo vemos, tanto en la antigüedad como en la actualidad y por múltiples razones, es el nombre el que nos dará la identidad con la que hemos de vivir toda la vida y eso, sin duda, es verdaderamente importante.

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