Además de su comida china, su diversidad cultural, ls temblores, lo caro de suAdemás de su comida china, su diversidad cultural, los temblores, lo caro de su energía eléctrica y su calorón, Mexicali es reconocida a nivel mundial por ser una ciudad altamente contaminada.

Estamos cerca de iniciar la temporada en que todos nos quejamos de la peste a humo que rodea nuestras casas, de las enfermedades respiratorias que nos hacen llenar los consultorios médicos y de los anuncios del gobierno prometiendo “mano dura” contra quienes contaminen.

Ya sabemos lo que sucederá: de nueva cuenta, la contaminación del aire se hará presente en decenas de fotografías, videos y testimonios de cachanillas. Las autoridades volverán a “lavarse las manos”, alegando que no hay manera de controlar a tantos ciudadanos que prenden fogatas, queman cohetes o encienden llantas al aire libre. Mientras tanto, la opinión pública señalará —otra vez— que el gobierno no hace nada para detener lo que cada año sucede.

Buscando hacer la diferencia, el secretario del Ayuntamiento, Rodrigo Llantada Ávila, declaró el martes pasado que en esta temporada de fin de año se prohibirá la venta de artificios pirotécnicos (cohetes) en comercios ambulantes, es decir, en la vía pública.

Cabe recordar que hace más de una década, la cohetería El Cachanilla —la única que cuenta con un permiso federal para la venta de este tipo de productos en Mexicali— instaló varios puestos móviles en distintos puntos de la ciudad para ofrecer sus artículos. Aquella iniciativa fue un éxito tanto para la empresa como para la recaudación municipal.

Sin embargo, tras la presión social ante la evidente contaminación, se decidió no volverlo a hacer.

Entonces, como ahora, la autoridad municipal aseguró que prohibir la venta de cohetes en la vía pública buscaba evitar la contaminación durante las celebraciones decembrinas y de Año Nuevo, lo cual no deja de ser una mera simulación.

A pesar de las protestas recurrentes contra el permiso federal con que cuenta la empresa, esta seguirá operando con la venia del Ejército, por la sencilla razón de que son los únicos peritos en la materia. Si hay decomisos de cohetes chinos o artefactos explosivos, son ellos quienes se encargan de su confinamiento y destrucción.

Lo más que la empresa ha cedido ante la presión social es mantener la cantidad de cohetes que vende desde hace años, cumpliendo al pie de la letra con su permiso federal para no ponerlo en riesgo.

Por ello, año con año, la cohetería vende la misma cantidad de producto, tenga o no puestos en las colonias.

No obstante, convendría reflexionar qué tanto beneficia realmente esta restricción, que obliga a quienes desean comprar cohetes a trasladarse hasta la carretera a Islas Agrarias, hacer largas filas o, en el peor de los casos, recurrir a cohetes chinos o de dudosa calidad, los cuales sí se venden en tiendas y abarrotes de la ciudad.

En conclusión, prohibir la instalación de puestos ambulantes para la venta de cohetes certificados, más que contribuir a mejorar la calidad del aire, la complica aún más.

Por el contrario, si en Mexicali se invirtiera en un sistema efectivo de monitoreo de la calidad del aire, se tomaran decisiones basadas en esos datos, se aplicara mano dura a las empresas contaminantes, se retiraran de circulación los vehículos altamente contaminantes (empezando por los del propio Ayuntamiento), y se buscara una solución real para frenar las quemas al aire libre, entonces sí podríamos hablar de que el Gobierno está haciendo algo para mejorar la calidad del aire.

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