Era la calurosa mañana del lunes 14 de julio. Como cualquier inicio de semana, comenzaron a llegar desde las 8:00 de la mañana los empleados administrativos de la Comandancia Central de la Dirección de Seguridad Pública Municipal. Aquellos que suelen ser los primeros en llegar —y últimos en irse— se sorprendieron al ver que el teniente Julián Leyzaola Pérez, el Director, el 90, ya se encontraba en las instalaciones, lo cual les preocupó, pues el militar retirado solía hacer visitas inesperadas a distintas áreas de la DSPM, hablaba con los empleados y tomaba decisiones en consecuencia de ello. Ningún director se había dado a la tarea de eso hasta entonces.

La preocupación se convirtió en sorpresa cuando vieron que la gente de Leyzaola sacaba cajas y cajas de su oficina para subirlas a sus unidades. No faltó quien preguntara a alguno de los escoltas del teniente qué era lo que sucedía.
—Ya se va.
La respuesta, corta y seca, confirmaba que otra vez la corporación municipal se quedaría acéfala.

Para entonces, el aún director ya había hablado por teléfono con Luis Felipe Chan Baltazar, quien sería presentado horas después como una “inesperada solución” a la “sorpresiva renuncia” de Leyzaola. Lo cierto es que —al estilo de esta administración— la decisión se había tomado desde hace días y se había ya negociado.

Minutos después, el teniente salió de su oficina y —sin cruzar palabra con nadie— pasó directo a la Sala de Directores, donde una pared se encuentra atestada de fotografías de aquellos que han ocupado este cargo en algún periodo. ¡Ya no caben! Y eso que falta la fotografía del capitán Antonio Carmona Añorve, quien durante la administración panista de Eugenio Elorduy Walther fue el Director de la Policía Municipal de Mexicali, pero cuyo paso por la corporación fue borrado luego de ser detenido y encontrado culpable de ayudar al crimen organizado. Actualmente está preso en un penal de máxima seguridad.

Leyzaola se despidió de su cuadro de mando, jefes policiacos en su mayoría heredados por su antecesor. Chan Baltazar, quien en ese momento desayunaba con sus seres queridos, les adelantaba la noticia que poco a poco comenzaría a filtrarse por los mismos operadores del Ayuntamiento de Mexicali.

Después de la reunión en la cual agradeció el apoyo y les invitó a seguir dando todo su esfuerzo ante el nuevo jefe que llegaría, se dirigió a su staff, a quienes hizo oficial su renuncia. No dio muchas explicaciones. No era necesario.

El teniente Julián Leyzaola Pérez, quien había dado buenos resultados en su paso por la Policía de Tijuana y de Ciudad Juárez, no pudo desplegar su estrategia en la capital de Baja California, pese a ser respaldado por la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda y palomeado por la misma presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, cuyo trazo precisaba que las ciudades con problemas relativos al crimen organizado deberían ser vigiladas por mandos castrenses.

Pero no olvidemos. Horas después de haber recibido un inédito respaldo por parte de actores políticos, de la iniciativa privada y de líderes de la comunidad, Luis Felipe Chan Baltazar aceptó renunciar a su cargo el 18 de marzo anterior, con todo y el pesar de la alcaldesa Norma Alicia Bustamante Martínez, quien horas antes le había expresado también su respaldo.

La salida de Chan buscaba frenar una cascada de críticas por la inseguridad en Baja California. Evidentemente no fue suficiente. La llegada de Leyzaola trataba de ser el complemento de este intento, lo cual evidentemente tampoco funcionó.

Al teniente le sucedió algo parecido a su antecesor y, paradójicamente, le tuvo que entregar la responsabilidad al mismo que había elogiado por su trabajo ante la DSPM meses atrás.

Al menos hay tres explicaciones del porqué salió el teniente Leyzaola. La que han filtrado los “voceros” oficiales del Ayuntamiento indica que a Leyzaola la alcaldesa ya no lo toleraba, que se le había subido el poder, que “se mandaba solo” y que era tal el descontento entre ambos, que la misma gobernadora había decidido dejar de protegerlo y permitir su salida.

La versión al interior de la corporación fue que las decisiones operativo-tácticas del hoy exdirector eran muy temerarias y estaban poniendo en peligro la misma integridad de la tropa. Elementos de Tránsito a Patrullas, agentes de Patrullas a Tránsito, secretarias uniformadas a la calle… en fin, mucho descontento por todos lados. Esto sin hablar de la sorpresiva acusación contra Vicente Robles, considerado uno de los pilares de la corporación en lo que a Tránsito se refiere, y parte de su equipo más cercano.

Finalmente, las quejas llegaron a lo más alto y se tomó la decisión.

La tercera versión es la más sencilla: a Leyzaola le pasó lo mismo que a sus antecesores. No lo dejaron desplegar su plan de trabajo, pues ello implicaba sacar de la jugada a importantes aliados de personajes siniestros que llevan años consiguiendo plazas para familiares, amigos y “amiguitas”, vehículos que deberían ser destinados a los policías que batallan aún con unidades chatarra, y favores para sus compinches que caen por faltas administrativas o por cometer delitos “sin chiste”, como pegarle a sus parejas… o al menos así lo califican ellos.

Lo lamentable es que, mientras estos personajes tengan tanta injerencia en la operatividad de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, ni siquiera Harfuch podrá poner orden en este renglón. Y lo más preocupante es que estamos hablando de vidas humanas, pues los policías están para proteger la vida de las personas, incluso a costa de la suya. ¡Pero no quiere decir que así deba ser!

Lo curioso de esta situación —si es que tiene algo curioso— es que el regreso de Chan Baltazar dejaría en claro que fue un error haberlo obligado a renunciar, como se obligó a renunciar a Pedro Ariel Mendívil, a Alejandro Lora Torres, a Ma. Elena Andrade Ramírez y a Joel Hidalgo Duéñez, por mencionar a algunos. Todos ellos salieron en medio del misterio, del suspenso y de la intriga gestada por los beneficiados de estos cambios.

¿Hasta cuándo va a dejar de suceder esto? Hasta que la decisión de quién esté al frente de la DSPM sea política y no de resultados reales. Hasta que la atención de los caprichos de personas ajenas deje de ser más importante que cumplir con lo que la población exige, reclama y merece. Hasta que los policías dejen de ver, con un vacío en el pecho, cómo les cambian a su jefe, pero para ellos no cambia absolutamente nada. Siguen siendo la parte más corta del hilo; los que menos seguridad tienen para ellos y sus familias, y los desechables. ¡Todo mal! ¿Hasta cuando?

Postdata: La sociedad mexicalense debe ser convocada a reconocer la vida del comandante Roberto Méndez Arreola, quien fuera cobardemente asesinado la noche del pasado lunes afuera de su casa. Hemos perdido a un valiente policía cuyo legado no puede quedar en el olvido y a quien las autoridades le deben la justicia y no solamente de palabras huecas.

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