¿Cómo le hago para reclutar a más policías para Mexicali? No es la pregunta que deberían hacerse nuestras autoridades locales. Más bien tendrían que preguntarse: ¿por qué a los mexicalenses no les interesa ser policías municipales?

Y es que, viéndolo bien, tiene mucha coherencia lo dicho por el secretario de Seguridad Pública de Baja California, el general Laureano Carrillo, quien considera innecesario —casi ocioso y terco— crear una academia de Policía en Mexicali bajo el argumento de aumentar la cantidad de elementos para las filas de la DSPM.

Sobre todo cuando la Academia estatal es, hasta este momento, la única certificada y, además, cuenta con la capacidad suficiente para atender las necesidades de las corporaciones locales en cuanto a la preparación de sus cadetes.

Quienes han egresado de sus aulas saben que su estancia ahí no es miel sobre hojuelas; que no cualquiera se avienta el tiro de entrar en el ceñido uniforme de la disciplina y el orden, herramientas básicas de la formación policial.

Qué importante es que la preparación de nuestros policías esté en manos de especialistas que no busquen otro interés más que, precisamente, formar a mujeres y hombres debidamente preparados para el reto de la seguridad.

…Y aun así, se nos van algunas piedritas en el arroz.

La vieja guardia recordará cómo llegaban cadetes a bordo de potentes trocas —con placas de California o, de plano, sin ellas— a la Academia de Policía de Mexicali, cuando esta era la única fuente de nuevos municipales. No todos, pero sí hubo varios aspirantes —algunos que incluso lograron ingresar a la corporación— que no podían ocultar que iban apadrinados por gente pesada de la maña. La educación y el dinero —sobre todo el malhabido— no se pueden ocultar.

Tal parece que la alcaldesa de Mexicali, Norma Alicia Bustamante Martínez, y sus asesores no se han dado el tiempo de investigar por qué la capacitación de los cadetes se decidió concentrar en un solo lugar. No fue por capricho ni por retroceso; fue por control y orden, algo que hoy está en riesgo de perderse por lo que pareciera una ocurrencia.

Piénselo: ¿cómo le hará el Ayuntamiento de Mexicali para atraer a más aspirantes a policías si se abre una academia local? ¿Los sacará de debajo de las piedras o los formará de manera exprés para disimular la pifia de sus decisiones? ¿De dónde sacará instructores debidamente capacitados y certificados para un volumen mayor al que actualmente se atiende? Qué miedo.

Entonces, ¿qué motiva realmente a la administración local a erigir una nueva Academia de Policía, si la cantidad de elementos egresados no variaría en gran medida?

Sin duda no se han detenido a pensar que el principal motivo por el cual los jóvenes no quieren ser policías es porque no ven en la corporación una opción real y atractiva para hacer carrera.

¿O por qué cree usted, amigo lector, que cuando a los policías comisionados como escoltas de empresarios se les ordenó regresar a las filas de sus corporaciones, muchos prefirieron renunciar y convertirse en empleados de quienes custodiaban?

Y es que mientras los jefes sigan cortando el hilo por lo más delgado cuando las cosas se ponen políticamente feas; mientras no se cuide la salud física y mental de los policías; mientras no se les dote del equipamiento necesario y de uniformes de calidad; mientras no se combata la corrupción interna que pone en serio riesgo a los buenos elementos; mientras tengan que seguir comprando gasolina o llantas con dinero de su bolsillo; mientras las oficinas y estaciones no sean espacios dignos; y, sobre todo, mientras la sociedad no respete la figura de autoridad representada por un policía municipal, no habrá poder humano que motive a las nuevas generaciones a formar parte de esta corporación.

Así que, si se le invierte a resolver estas carencias, mis queridos genios proyectistas del futuro de Mexicali, los aspirantes a policías municipales llegarán solos. Nada más hay que dejar de pensar un poquito en el dinero, sobre todo cuando se trata de seguridad pública.

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