Mientras el termómetro en la capital de Baja California comienza su implacable ascenso hacia los 50°C, una sombra de incertidumbre recorre las colonias de Mexicali. No es solo el calor; es el silencio de los aires acondicionados que se apagan y la oscuridad de los hogares que se quedan sin energía. En la “ciudad que capturó el sol”, la infraestructura eléctrica parece estar perdiendo la batalla.

La guerra de las palabras: ¿Apagón o “interrupción”?

En días recientes, la narrativa oficial ha intentado suavizar la realidad. Voceros estatales han declarado que Mexicali no sufre “apagones”, sino “interrupciones transitorias”. Sin embargo, para el ciudadano que ve cómo se echan a perder sus alimentos, cómo se dañan sus electrodomésticos o cómo su salud se pone en riesgo por la falta de refrigeración, la distinción semántica es un insulto a la inteligencia.

Un “apagón” o una “interrupción” tienen el mismo resultado en el desierto: vulnerabilidad. Esta desconexión entre el discurso político y la vivencia en las calles ha detonado una movilización digital que crece hora tras hora.

Una década de parches y promesas

La crisis actual no es un evento aislado. Al analizar los últimos 10 años en Mexicali, el patrón es claro:

Infraestructura obsoleta: Se estima que una parte significativa de los transformadores en zonas urbanas supera los 25 años de servicio, operando al límite de su capacidad física.

Dependencia energética: Mexicali sigue operando como una “isla eléctrica”, dependiendo de un protocolo correctivo de verano y de la compra de energía de emergencia a Estados Unidos, debido a que las obras de conexión con el Sistema Interconectado Nacional siguen siendo una asignatura pendiente.

Opacidad operativa: A pesar de los anuncios de inversión, a marzo de 2026 los reportes indican que los proyectos estratégicos de infraestructura apenas rozan el 30% de avance, dejando a la ciudad desprotegida para el pico de demanda de este verano.

El hartazgo ciudadano en números

Como respuesta a esta opacidad, ha surgido una petición en la plataforma Change.org titulada “Solucionar los apagones y fallas eléctricas en Mexicali”. Lo que comenzó como una queja aislada ya supera las 1,400 firmas, convirtiéndose en un termómetro del descontento social.

Los ciudadanos no solo piden que regrese la luz; exigen transparencia. La actualización más reciente de la petición es contundente: exigen saber qué colonias están en riesgo, cuál es el estado real de las subestaciones y qué planes de contingencia existen para proteger a los grupos más vulnerables, como adultos mayores y niños.

El costo del silencio

Mexicali presume un crecimiento industrial sin precedentes y la llegada de inversiones por el nearshoring. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Cómo podemos atraer nuevas industrias si no somos capaces de garantizar la luz en el hogar de un trabajador? El desarrollo económico no puede sostenerse sobre una red eléctrica que “truena” al primer pico de calor.

La energía en Mexicali no es un lujo, es una garantía de vida. Negar la crisis llamándola con eufemismos técnicos no soluciona el problema; solo profundiza la desconfianza.

¡Tu firma cuenta!

Si tú también has sido afectado por las variaciones de voltaje, si has perdido electrodomésticos o si crees que merecemos un servicio digno y transparente, únete a la exigencia colectiva:

https://c.org/x5CmZtkfbL

Es momento de que las autoridades y la CFE nos den soluciones, no solo explicaciones.

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