La madrugada de este sábado ha marcado un punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela. El presidente Nicolás Maduro, en el poder desde 2013, ha sido capturado por fuerzas estadounidenses y trasladado fuera del país, según anunció el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su red social Truth. En la misma comunicación, Trump aseguró que también fue detenida la esposa del mandatario, Cilia Flores, y que ambos serán juzgados en territorio estadounidense.

La operación, que incluyó ataques militares dentro de Venezuela, se produjo tras meses de escalada de tensiones entre Washington y Caracas. Explosiones fueron registradas en Caracas y en los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, afectando tanto a infraestructuras militares como a zonas civiles. Por primera vez en décadas, Venezuela vivió un bombardeo extranjero a gran escala, generando escenas de pánico, confusión y una profunda incertidumbre entre la población.

Acusaciones de narcoterrorismo y juicio en Estados Unidos

La fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, confirmó que Maduro y Flores han sido imputados en el Distrito Sur de Nueva York por delitos de conspiración narcoterrorista, tráfico de cocaína, corrupción y posesión de armas automáticas y artefactos destructivos. Según Bondi, ambos “afrontarán la justicia estadounidense en suelo estadounidense”, reforzando la narrativa de Washington, que desde hace años acusa al chavismo de vínculos estructurales con el narcotráfico.

En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, recuperó públicamente las acusaciones contra Maduro, a quien volvió a calificar como líder del llamado cartel de Los Soles, insistiendo en que no es el presidente legítimo de Venezuela.

Desconcierto en Caracas y estado de emergencia

Mientras Trump confirmaba la captura, las autoridades venezolanas aseguraban desconocer el paradero del presidente. La vicepresidenta Delcy Rodríguez pidió “pruebas de vida”, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, calificó el ataque como “ruin y cobarde”, anunciando la búsqueda de posibles víctimas.

El Gobierno decretó un estado de emergencia por conmoción exterior, denunció una “gravísima agresión militar” y llamó a la movilización popular. Sin embargo, en las calles de Caracas predominó el silencio y el temor. La Guardia Nacional blindó los accesos al palacio presidencial de Miraflores, mientras Diosdado Cabello, número dos del chavismo, apareció públicamente con chaleco antibalas y escolta policial, afirmando que las fuerzas del régimen estaban “desplegadas”.

Reacciones internacionales: condena, cautela y divisiones

La captura de Maduro y la intervención militar estadounidense provocaron una oleada inmediata de reacciones internacionales.

  • México, Chile, Brasil y la Unión Europea condenaron la acción por considerarla una violación del derecho internacional y llamaron a una solución pacífica y democrática.
  • Reino Unido aclaró que no participó en la operación y pidió conocer los hechos antes de pronunciarse en profundidad.
  • Rusia, Bielorrusia y Cuba denunciaron la actuación de EE UU como una agresión inaceptable y una violación de la soberanía venezolana, llegando Moscú a exigir explicaciones inmediatas.
  • Países del Caribe como Trinidad y Tobago se desmarcaron del operativo, aunque reconocieron su cooperación con Washington en acciones antidroga en la región.

En España, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, celebró abiertamente la “caída del régimen de Maduro”, mientras el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, mantuvo contactos con socios europeos y con el líder opositor venezolano Edmundo González, exiliado en Madrid.

Un régimen aislado que no pensaba rendirse

Maduro llevaba meses anticipando un ataque de Estados Unidos, en un contexto de aislamiento internacional, sanciones económicas y falta de reconocimiento de su reelección en 2024 por parte de numerosos países. Pese a ello, no mostraba intención alguna de abandonar el poder. Su captura, de confirmarse todos los extremos, supone el colapso abrupto del liderazgo chavista y deja al país en un escenario de enorme incertidumbre política, militar y social.

Mientras se multiplican las condenas diplomáticas y se evalúan los daños humanos y materiales de los bombardeos, Venezuela entra en una de las horas más críticas de su historia contemporánea, con el poder en disputa, la población atemorizada y el equilibrio regional seriamente comprometido.

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