Washington. El presidente Andrés Manuel López Obrador, pidió este martes a su homólogo, Joe Bidendurante una reunión en el Despacho Oval, que facilite la entrada a Estados Unidos de los trabajadores mexicanos y centroamericanos “más cualificados”, “para apoyar” la economía.

La migración ha sido uno de los temas centrales de un encuentro que, sobre todo, sirvió para escenificar un acercamiento tras los últimos roces en la relación bilateral. Entre los pocos acuerdos concretos anunciados este martes destaca el compromiso de México de invertir mil 500 millones de dólares en proyectos de infraestructura para modernizar la frontera.

El dinero será parte de un fondo conjunto con EE UU para “hacer más seguro y eficiente el flujo comercial y de personas”, según el anuncio oficial de la Casa Blanca.

La aportación estadounidense saldrá de una partida general dedicada a infraestructura, de más de un billón de dólares, anunciada a finales del año pasado por Biden como parte de su gran apuesta para reactivar la economía tras la pandemia. De ese total, más 3 mil millones irán destinados “a 26 grandes proyectos de renovación de aduanas y puestos fronterizos”.

La relación comercial ha vuelto a marcar las recetas para atajar la migración. México se ha comprometido a comprar a EE UU 20.000 toneladas de leche en polvo para “ayudar a las familias de las comunidades rurales”, así como otro millón de toneladas de fertilizantes para “los granjeros y pequeños productores”.

“Lo digo de manera sincera y más respetuosa: es indispensable para nosotros regularizar y dar certeza a los migrantes que durante años han vivido y trabajado de manera muy honesta y también están contribuyendo al desarrollo de esta gran nación”, ha añadido López Obrador, que llevaba escritas sus declaraciones, y ha hablado durante 31 minutos hasta que ambos mandatarios se han quedado a solas para celebrar la reunión bilateral prevista.

El presidente estadounidense, por su parte, ha intervenido durante 10 minutos en un encuentro que ha comenzado a las 11.30 en la Casa Blanca. “Yo sé que sus adversarios, los republicanos, van a gritar ante esta perspectiva…”, le ha dicho López Obrador, “pero sin un programa audaz… no será posible resolver los problemas. La salida no es a través del conservadurismo. La salida es a través de la transformación. Tenemos que ser audaces en nuestras acciones”.

López Obrador ha explicado que lo que está proponiendo a Estados Unidos es “algo similar” a la “cooperación de la era de la Segunda Guerra Mundial”, y ha señalado que el tratado de libre comercio para América del Norte (T-MEC) todavía deja “márgenes para que intensifiquemos nuestra relación bilateral”. “Debemos recordar que el desarrollo de nuestras naciones depende fundamentalmente de nuestra capacidad productiva”, dijo. El mandatario mexicano recordó la estrecha relación entre ambos vecinos. México es el segundo socio comercial de EE UU. “Desde que comenzó la crisis energética, México ha destinado el 72% de sus exportaciones de crudo a Estados Unidos”, ha dicho.

Acciones contra la inflación

López Obrador también enfatizó la necesidad de hacer frente a la crecida de la inflación, un problema con muchos vasos comunicantes entre ambas economías dada su profunda interconexión. “Mientras esperamos que bajen los precios o la gasolina en los Estados Unidos, hemos creído necesario permitir a los estadounidenses que viven cerca de la frontera ir a buscar su gasolina en nuestro lado a precios más bajos”. Después, López Obrador sugirió una solución: “bajar los precios para los consumidores en nuestros dos países”. El presidente mexicano ya ha puesto en marcha en su país un programa de subsidios al combustible con el objetivo de atemperar los precios. Durante la cita de este martes, López Obrador propuso también un plan de inversión público-privado conjunto para producir más.

Cuando ha llegado el turno de Biden, este ha reconocido que está “de acuerdo” con su invitado. “Necesitamos trabajar más juntos”, ha añadido. “Trabajando con México”, al que ha definido como un gran país”, “podemos ayudar a resolver los problemas de ambos”. Biden ha subrayado voluntad de fortalecer los puentes entre ambas Administraciones sin obviar, en todo caso, las tensiones diplomáticas recientes. “A pesar de los titulares que vemos en la prensa, considero que nuestra relación es muy sólida”. La negativa de López Obrador a acudir el mes pasado a la cumbre de las Américas, celebrada en Los Ángeles, bajo la justificación de que no fueran invitados también Cuba, Nicaragua y Venezuela ha sido una de las últimas piedras en el zapato.

En otro roce reciente, López Obrador salió la semana pasada en defensa de Julian Assange, cuya extradición a EE UU ha aprobado ya el Gobierno británico, aunque aún cabe un último recurso. El presidente mexicano aseguró entonces que intercederá a favor del fundador de Wikileaks durante su visita a la Casa Blanca. Y llegó a decir en una de sus cáusticas intervenciones que “si lo condenan a pena máxima y a morir en prisión, hay que empezar la campaña de que se desmonte la estatua de la libertad”. Meses antes, el caballo de batalla había sido la polémica reforma eléctrica mexicana, que merma la operación de muchas empresas estadounidenses. La política energética mexicana fue el principal motivo de las repetidas visitas del enviado de Biden para el cambio climático, John Kerry.

El País

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