Especialista plantea que la renta de unidades de gran capacidad ayuda a disminuir la huella de carbono y optimizar recursos en viajes corporativos y familiares.
César Loera/Colaborador *
En el contexto del Día Mundial del Medio Ambiente, la necesidad de transitar de un modelo basado en la propiedad del automóvil hacia esquemas de movilidad compartida cobra cada vez mayor relevancia. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), el parque vehicular nacional roza los 36 millones de unidades, una cifra que plantea importantes retos en materia de movilidad, infraestructura y sostenibilidad.
La economía circular nos ha enseñado que el desperdicio no solamente está en lo que tiramos a la basura, sino también en los recursos que utilizamos de manera ineficiente. El automóvil particular es uno de los activos que más tiempo permanece sin uso, mientras continúa depreciándose y generando costos para sus propietarios.
Cuando ese vehículo se utiliza para recorridos largos con pocos ocupantes, su impacto ambiental y económico aumenta considerablemente. Por ello, el desafío para empresas, gobiernos y ciudadanos no consiste en limitar la movilidad, sino en hacerla más eficiente.
Aprovechar la escala para reducir emisiones
La transición de la propiedad al acceso está transformando la forma en que entendemos el transporte. Consolidar viajes corporativos o familiares en vehículos de mayor capacidad mediante esquemas formales de arrendamiento permite optimizar recursos y reducir emisiones por pasajero.
Más que una declaración de principios, se trata de una cuestión de eficiencia. Sustituir varios vehículos con distintos niveles de desgaste por una sola unidad optimizada permite disminuir de manera significativa la huella de carbono por pasajero.

El Foro Internacional de Transporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que la modernización y optimización de las flotas comerciales representa una de las vías más directas para reducir emisiones en el sector transporte.
Por su parte, diversos análisis del Foro Económico Mundial (WEF) indican que los modelos de movilidad compartida podrían disminuir significativamente la necesidad de incorporar nuevos vehículos al parque vehicular. Menos unidades fabricadas y menos motores operando simultáneamente representan un beneficio tanto para el medio ambiente como para la infraestructura vial.
Flotas más nuevas y eficientes
Otra ventaja de estos modelos es la actualización tecnológica constante. Mientras el parque vehicular privado en México presenta una antigüedad promedio cercana a los 18 años, las flotas de arrendamiento suelen renovarse con mayor frecuencia, manteniendo unidades con una antigüedad considerablemente menor.
Esto permite acceder a vehículos equipados con tecnologías más recientes en eficiencia energética, reducción de emisiones y sistemas avanzados de seguridad. Asimismo, los usuarios pueden evitar los costos asociados al mantenimiento, depreciación y renovación periódica de un vehículo propio.
Desde una perspectiva operativa, trasladar a un grupo numeroso en varios vehículos particulares resulta menos eficiente que consolidar el viaje en una sola unidad de mayor capacidad, especialmente en trayectos largos.

Transparencia y medición ambiental
Para garantizar que los beneficios ambientales sean medibles y verificables, diversas empresas del sector han comenzado a respaldar sus procesos mediante estándares internacionales. Organismos de certificación como AENOR verifican inventarios y mediciones de huella de carbono bajo esquemas como la norma ISO 14064.
Estas herramientas permiten evaluar con mayor precisión el impacto ambiental de las operaciones y contribuyen a evitar prácticas de greenwashing, cada vez más cuestionadas por inversionistas, consumidores y autoridades.
El futuro de los viajes de negocio
Las organizaciones que buscan fortalecer sus estrategias ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) también están replanteando la forma en que realizan sus desplazamientos corporativos. Cada vez más empresas analizan alternativas que permitan optimizar recursos, reducir emisiones y mejorar la eficiencia operativa.
En este contexto, la movilidad compartida surge como una opción que combina flexibilidad, comodidad y una mejor utilización de los activos de transporte.
El turismo y los viajes de negocios evolucionan hacia modelos más eficientes, donde el acceso a la movilidad puede resultar tan importante como la propiedad de los vehículos. La comodidad, la confidencialidad y la flexibilidad continúan siendo factores clave para muchos usuarios, características que en diversos casos resultan más difíciles de garantizar mediante esquemas tradicionales de transporte público.
Al final, el destino del viaje puede ser el mismo, pero el impacto que dejamos en el camino depende cada vez más de las decisiones que tomamos sobre cómo nos movemos.
* César Loera, Director de Operaciones de Dollar México


















