La investigación identificó deficiencias bacteriológicas en distintas etapas del suministro y plantea fortalecer el monitoreo ciudadano y las políticas públicas para garantizar el acceso a agua segura.
MEXICALI.– Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) reveló que el agua que llega a algunas comunidades rurales del valle de Mexicali no siempre cumple con las condiciones necesarias para ser considerada segura para el consumo humano o incluso para el contacto directo, debido a problemas detectados durante el proceso de distribución.

La investigación, denominada “Caracterización del agua potable en poblaciones rurales del valle de Mexicali”, fue encabezada por la doctora Jesús Eliana Rodríguez Burgueño, investigadora del Instituto de Ingeniería (II), con el objetivo de generar información científica que contribuya a mejorar las políticas públicas relacionadas con el acceso al agua potable.
La académica explicó que el suministro de agua en las comunidades rurales depende de fuentes superficiales y subterráneas que, en muchos casos, carecen de un monitoreo permanente, situación que puede representar riesgos para la salud de la población.
En el valle de Mexicali, agregó, la distribución del agua está estrechamente vinculada con la actividad agrícola, ya que gran parte del recurso circula a través de los canales de riego antes de abastecer a las comunidades, lo que provoca variaciones en su cantidad y calidad a lo largo del año.
Para conocer estas condiciones, el equipo de investigación realizó un monitoreo durante un año hidrológico completo, evaluando muestras en dos localidades rurales. Los análisis incluyeron pruebas físicas, químicas y bacteriológicas en tres puntos clave: la fuente de abastecimiento, la planta de bombeo y las tomas domiciliarias.
Uno de los principales hallazgos fue la detección de condiciones bacteriológicas desfavorables en algunas etapas del proceso de distribución, lo que evidencia que el agua no siempre reúne los parámetros establecidos para consumo humano.
“La ley establece que el agua potable debe ser segura para consumo, pero en la práctica esto no siempre se cumple”, señaló Rodríguez Burgueño.
Además del análisis científico, el proyecto incorporó un componente de participación ciudadana. Entre 2019 y 2023 se aplicaron alrededor de 300 encuestas para conocer la percepción de los habitantes sobre la calidad del agua y seleccionar las comunidades participantes.
Posteriormente, familias de estas localidades recibieron capacitación para realizar monitoreo ciudadano utilizando un kit capaz de medir 16 parámetros de calidad del agua, entre ellos pH, hierro, cobre y cloro.

De acuerdo con la investigadora, esta estrategia permitió que los habitantes comprendieran mejor los riesgos asociados al consumo de agua contaminada y adoptaran prácticas preventivas como hervir el agua, desinfectar alimentos y mantener limpios los depósitos de almacenamiento.
El estudio también identificó necesidades en materia de infraestructura, saneamiento y capacitación, aspectos que, según la investigadora, deben atenderse mediante políticas públicas más incluyentes que reconozcan el acceso al agua segura como un derecho humano.
Rodríguez Burgueño destacó que las universidades públicas tienen un papel fundamental en la generación de conocimiento orientado a resolver problemas sociales y consideró que la investigación debe trascender el ámbito académico para transformar la realidad de las comunidades.
El proyecto contó con la colaboración de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Comisión Estatal de Protección contra Riesgos Sanitarios de Baja California (Coepris), el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), el Sonoran Institute y la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UABC, además de investigadores de diversas áreas de la propia universidad.
Como parte de las siguientes etapas del trabajo, se busca ampliar el monitoreo ciudadano a más comunidades rurales, fortalecer la coordinación con instituciones públicas y organizaciones civiles, así como desarrollar estrategias de divulgación accesibles para compartir los resultados con la población. El proyecto también recibió recientemente el respaldo del programa Thriving Earth Exchange de la American Geophysical Union, lo que permitirá fortalecer esta iniciativa de investigación con impacto social.


















