Mexicali volvió a oler a papel recién desempacado, a tinta y a historias por descubrir. Entre pasillos llenos de libros y el murmullo constante de quienes hojean, preguntan y se encuentran con nuevas ideas, la Universidad Autónoma de Baja California dio inicio a la edición número 27 de la Feria Internacional del Libro, un evento que ya no solo es tradición, sino punto de encuentro para toda la comunidad.
La FIL no arranca con solemnidad fría, sino con vida. Hay niñas y niños que miran los libros como si fueran juguetes, jóvenes que buscan respuestas y adultos que regresan a las páginas como quien vuelve a casa. En ese ambiente, el rector Luis Enrique Palafox Maestre recordó que este espacio nace con un propósito claro: devolverle a la sociedad algo de lo mucho que le da a la universidad.
Y lo hace a través de algo poderoso, aunque a veces subestimado: la lectura.
Porque leer —como se dijo durante la inauguración— no es solo pasar los ojos por palabras. Es conectar ideas, emociones, sonidos. Es entender(se). Y en tiempos donde todo parece inmediato, la FIL apuesta por detenerse, pensar y sentir.
La alcaldesa de Mexicali, Norma Bustamante, lo resumió con una imagen sencilla pero certera: entrar a una librería puede ser como entrar a una juguetería. Solo hay que perderle el miedo. Porque, pese a la tecnología y los cambios, los libros siguen ahí, resistiendo, esperando a quien quiera abrirlos.
Pero la feria no es solo libros. Es también ciencia, arte, conversaciones y comunidad. La coordinadora de Extensión de la Cultura, Vanesa Verdugo, lo dejó claro: este es un espacio que recuerda quiénes somos, pero también todo lo que podemos llegar a ser.
Y aunque Mexicali es el punto de partida, la FIL se vive también en Tecate, Tijuana y Ensenada, ampliando su alcance y su impacto.
Uno de los momentos más significativos fue el reconocimiento a la escritora Sofía Segovia, quien recibió el galardón Trayectoria FIL UABC 2026.
Con emoción, habló de persistencia, de seguir soñando incluso cuando el camino no es claro. Su mensaje fue directo: contar nuestras propias historias importa, porque si no lo hacemos, alguien más lo hará por nosotros.
Autora de El murmullo de las abejas, una obra que ha cruzado fronteras con más de 20 traducciones, Segovia representa justamente eso que la FIL busca impulsar: voces que nacen en lo local, pero que logran resonar en el mundo.
Así, entre páginas abiertas y conversaciones que apenas comienzan, la FIL UABC se instala una vez más como ese lugar donde las historias no solo se leen: se viven.



















