Mexicali vivió una de esas noches que difícilmente se repiten. La cultura dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una experiencia compartida por miles de personas que, desde temprano, comenzaron a llegar a la Unidad Deportiva Rubén Castro Bojórquez. Familias completas, grupos de jóvenes, parejas y niños tomaron el espacio público con un mismo objetivo: ser parte del arranque de la XXVII Feria Internacional del Libro de la Universidad Autónoma de Baja California.

Y la respuesta superó cualquier expectativa.

Cerca de 14 mil personas se congregaron para presenciar la presentación de 31 Minutos, en lo que ya se perfila como uno de los momentos más emblemáticos en la historia reciente de la feria. No fue solo un concierto: fue un punto de encuentro generacional.

Sobre el escenario, personajes como Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque y Guaripolo desataron risas, cantos y una energía colectiva que se extendió más allá del recinto.

El público no solo observaba, participaba. Coreaba canciones, respondía a las dinámicas y, por momentos, parecía fundirse con el espectáculo. La nostalgia jugó un papel clave, pero también la vigencia de un formato que sigue conectando con nuevas audiencias.

El cierre, con una ovación masiva, confirmó lo evidente: Mexicali estaba ahí porque quería estar.

Pero la FIL UABC no se limita a un solo escenario.

Mientras miles disfrutaban del espectáculo principal, en otros espacios de la universidad comenzaban a tomar forma conversaciones y expresiones que también definen el espíritu de la feria. En el programa Juventudes FIL, por ejemplo, el maestro Santiago Álvarez llevó a los asistentes por un recorrido poco convencional: el mundo del fanzine.

Más que una charla, fue una reivindicación de la creatividad sin filtros. El fanzine, explicó, nació como una herramienta libre, sin reglas, donde lo importante no es la perfección, sino la voz. En un contexto como el de Mexicali, esa idea adquiere un peso particular: publicaciones que hablan de frontera, de identidad, de lo cotidiano. De lo que se vive y no siempre se cuenta.

En paralelo, el talento universitario encontró su propio escenario.

El espacio Cimarrones FIL abrió con una jornada que combinó danza, música y expresión individual. La coreografía La Llorona, interpretada por estudiantes de Danza, marcó el inicio con una propuesta cargada de simbolismo. Después, la participación de Manuel Zazueta y el cierre musical con Allisson Caz mantuvieron la atención de un público que no solo asistía, sino que interactuaba, respondía y se apropiaba del momento.

La feria también pensó en los más pequeños.

En el programa Niñez FIL, la obra El lobo que quería ser superhéroe llevó un mensaje directo y necesario: la importancia de la confianza en uno mismo y la libertad de no encajar en moldes. En tiempos donde las narrativas infantiles suelen estar marcadas por estereotipos, este tipo de propuestas abren una conversación distinta desde edades tempranas.

Y en medio de todo esto, la literatura siguió su curso.

La presentación del sexto número de la revista Pórtico no pasó desapercibida. Más allá del lanzamiento editorial, el mensaje fue claro: escribir también es resistir. El director de la Facultad de Artes, Salvador León Guridi, habló de este nuevo número como un acto de reencuentro, de resiliencia, de volver a creer en la palabra y en el otro. Una declaración que encaja con el ambiente que se vivió durante toda la jornada.

Lo que ocurrió en este primer día de la FIL UABC no es menor.

En un contexto donde frecuentemente se cuestiona el interés de la población por la cultura, Mexicali respondió con hechos. La asistencia récord no solo habla de convocatoria, sino de una necesidad latente de espacios que conecten, que emocionen y que permitan a la gente encontrarse desde otro lugar.

La feria apenas comienza, pero el mensaje ya quedó claro: cuando la oferta es sólida, diversa y cercana, la gente responde.

Y responde en grande.

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