Eduardo Navarro González

Sin atinar el Sector Salud en pronósticos, estadísticas, combate efectivo al C-19 y con buena parte de la población comportándose renuente, lépera y agresiva para adoptar medidas preventivas, los mexicanos nos movemos (o nos mueven) en escenarios que advierten más incertidumbre que aciertos.

Tanto que después de anunciar la “domación” del virus y/o “aplanamiento de la curva” de contagio y el largo confinamiento los decesos y contagios siguen imponiendo récords y sin esperanza alguna de que en México se cumpla la premisa de la Organización Mundial de la Salud en el sentido de aplicar miles de pruebas gratuitas y efectivas, no las fallidas que se aplicaron en tiempo reciente, como lo admitió el gobierno y mientras hospitales públicos y privados siguen lucrando al exigir medicamentos, productos diversos y pagos por atención a enfermos.

Por eso y por muchos otros componentes indecibles como inverosímiles, es tiempo de afrontar realidades y prepararse para reanudar labores personales, sociales y laborales fuera de casa…y en casa; poco a poco y según la dinámica de “semaforización” que la autoridad federal emprenda en breve y que, si falla, pues habrán correctivos (¿?), según el Presidente.

Es tiempo entonces de poner un alto a la repartición de culpas porque ¿quién aventará la primera piedra cuando la infección sobreviene por falta de cuidado en lo personal y/o hay tolerancia gubernamental para impedir que haya desobligados al confinamiento y a cuidarse?

Ahorita hay que reflexionar en cómo desenvolverse para reducir a su mínima expresión el riesgo de contagio en la calle, trabajo o tienda; evitar que el virus llegue a nuestro rostro o el hogar vía vestimenta, calzado y productos que se adquieren; garantizarnos la sana distancia en familia, amistades, vecinos; interactuar para impedir que el Coronavirus nos ataque porque –hay que concientizarlo– una vez infectados lo único que nos salvará es nuestra fortaleza física no la disponibilidad de dinero, camas o ventiladores eléctricos que ya de por sí escasean; no nos engañemos, ahí están las particularidades de las víctimas por si alguien se cree invencible…

Si vamos a reanudar nuestra vida y rutinas como ya se avecina tendremos que ser mejores en todo si queremos seguir sanos, y en ese acondicionamiento obligatorio la sociedad debe insistir en el fortalecimiento del sector Salud y organizaciones de protección civil que están llenas de verdaderos héroes sin subestimar el esfuerzo y riesgo que miles de civiles y entregados servidores públicos han protagonizado para hacer posible que no falte lo esencial a los confinados.

Es hora de pensar en autocorrectivos, cierto, de dejar los ciudadanos de ser cómplices pasivos, activos, directos o indirectos de los desaciertos en el orden público, porque si antes fue un terremoto y ahora la pandemia después ¿a quién vamos a culpar?, sin olvidar que causas y efectos de la tremenda crisis económica que afrontamos se cuece aparte. ¿O no?.

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