Porfirio Díaz se hizo del poder presidencial por primera vez en 1876. Al inicio, lo hizo de facto, presionando a José María Iglesias (quien legalmente debía ser el presidente sustituto); para luego organizar una elección de mero “trámite”. Meses después, Díaz Mori finalmente portó la banda presidencial constitucionalmente. Tres años más tarde, el presidente se enfrentó a la disyuntiva de elegir a su sucesor. Sí, ¡aunque usted no lo crea (y contrario a lo que dicta la leyenda popular)! Porfirio Díaz debió entregar el mando, la cuestión era: ¿a quién?

Don Porfirio entusiasmó a más de uno: a su amigo de toda la vida, Justo Benítez; a su compadre, el general Manuel González; a Protasio Tagle, su secretario de Gobernación; a su cercano Carlos Pacheco, solo por mencionar a algunos. A todos, como el son “La negra”, les dijo que sí, pero no les dijo cuándo. Ilusionados, cada aspirante se sentía seguro de ser “el bueno”, el elegido por el poder hegemónico de Porfirio Díaz. Las “corcholatas” de Díaz hicieron sus movimientos, alianzas y hasta acuerdos; discretos hasta el final, para no “mover al avispero” ni alertar a sus competidores; ni siquiera se estorbaron entre sí porque cada uno se creía ser el siguiente.

Sin embargo, la fecha llegó y Díaz se inclinó por su compadre Manuel “El manco” González; quien, sin ningún contratiempo, fue electo presidente de México”. Pero Díaz no estaba dispuesto a ceder el protagonismo tan fácilmente. Así que, antes de finalizar su cuatrienio, González promovió una reforma constitucional que le permitió reelegirse a Porfirio, bajo la excusa de que se trataba de una reelección no inmediata. Ya en el poder, Porfirio sí cambió de opinión (como diría AMLO) y reformó la Constitución para reelegirse indefinidamente.

Dicho capítulo me parece sumamente vigente, pues, con demasiado tiempo de anticipación, el presidente López Obrador ha venido emocionando a varios de sus colaboradores. La buena noticia es que, en definitiva, ya descartó a un militar como su suplente. A pesar de lo adelantado en los tiempos, el pasado 30 de septiembre comenzó la cuenta regresiva para el presidente, dado que, derivado de la reforma política de 2014, el próximo mandatario rendirá protesta el 1º de octubre de 2024.

Los tiempos aprietan y, mientras uno de los contendientes, el menos favorito de Andrés Manuel, es apreciado en el extranjero y bien recibido en territorio nacional, el presidente sabe que Marcelo Ebrard se dedicará a, como dicen por ahí, utilizar el poder para lo que es: ejercerlo. Por lo tanto, no seguirá sumiso a las órdenes del tabasqueño. De ahí que, aceptar la renuncia de Tatiana Clouthier como secretaria de Economía, podría ser una estrategia presidencial para restarle poder a Marcelo. Recordemos que Tatiana es una mujer muy capaz en su ramo, pero en economía nada más no encajaba, por lo que Marcelo entró al quite y comenzó a hacer los primeros acercamientos con Reino Unido y Corea del Sur para concretar un tratado de libre comercio con dichas naciones.

Por su parte, Adán Augusto López ha comenzado a hacer el trabajo sucio contra Ebrard, y Claudia Sheinbaum, cada vez más desinflada, sigue ciegamente los pasos populistas de su maestro. El concierto del Grupo Firme en la Plaza de la Constitución es un claro ejemplo. Así que, mientras le pone el pie a una de sus “corcholatas”, empuja a la otra; una aspirante que no es la más popular, es decir, AMLO promueve porque sabe que Sheinbaum, por sí misma, no es lo suficientemente fuerte. De hecho, el efecto de meter a un candidato con calzador podría ser bastante adverso; pues, aunque la victoria morenista no está en duda, la reducción de votos, tampoco. Menos, si la candidata #EsClaudia.

Post scriptum: “El Estado soy yo”, Luis XIV de Francia.

* El autor es catedrático, doctor en Derecho Electoral y asociado del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).

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